Comer tapas en Málaga no se hace al azar. Hay una lógica, y en cuanto la conoces, todo es fácil. La ciudad tiene dos escenarios. En el casco antiguo, alrededor del hotel, mandan las tabernas: frituras, boquerones, croquetas, un vaso de vino dulce del tonel. En la costa, en Pedregalejo y El Palo, reina el espeto de sardinas. Dos ambientes, pues, y dos momentos del día. Así encadena los dos un malagueño.
El Mercado de Atarazanas, el punto de partida
Yo siempre empiezo por el Mercado de Atarazanas, a cinco minutos a pie. Es un mercado cubierto de 1879, una nave de hierro y cristal. Está construido en torno a un gran arco de herradura nazarí, único resto del viejo astillero árabe. «Atarazanas» significa, de hecho, astillero. Al fondo, una enorme vidriera cuenta Málaga en colores. Por la mañana, de lunes a sábado, algunos puestos sirven tapas al momento: pescaíto, gambas a la plancha, pinchos de pulpo, con una cerveza o un vermut. Es, por tanto, el mejor sitio para abrir boca y ver el producto antes de encontrarlo en el plato.

Las especialidades que no debes perderte
Aquí van unos imprescindibles. El pescaíto frito, también llamado fritura malagueña: un surtido de pescados pequeños fritos, ligeros y crujientes. Los boquerones en vinagre: anchoas frescas en vinagre, ajo y aceite de oliva, servidas frías. No los confundas con los boquerones fritos. La ensalada malagueña mezcla patata, naranja, bacalao, aceitunas y cebolla. Y la porra antequerana es una crema fría de tomate y pan, más espesa que el salmorejo, nacida en Antequera. En muchas cartas, prueba por último las berenjenas con miel, fritas y bañadas en miel de caña.

El espeto de sardinas: rumbo a la playa
El espeto es el plato que todos asocian a Málaga. Y es justo el que no debes buscar en el centro. Las sardinas se ensartan en una caña, clavada en la arena junto a un fuego de leña, a menudo en una barca vieja. Se hacen de lado, al calor de las brasas. Se comen con los dedos, con un poco de pan. Todo eso ocurre en la playa, en los chiringuitos de Pedregalejo y El Palo, al este del centro. Cuenta unos 2,50 a 3 € el espeto. La temporada son los meses sin «r»: de mayo a agosto, cuando la sardina está más gorda.
Mis bares de tapas favoritos del centro
Para la ruta, estas son mis direcciones, todas a pie. El Pimpi (Calle Granada 62): la institución, por el ambiente y un vaso de Pedro Ximénez del tonel. Casa Lola (Calle Granada 46): tapitas, vermut y las famosas berenjenas con miel. Suele haber cola, pero avanza rápido. Bar La Tranca (Calle Carretería 92): de pie, animado, vermut de grifo y paredes llenas de vinilos. Y para el vino, la Antigua Casa de Guardia (Alameda Principal 18), el bar más antiguo de la ciudad, abierto en 1840. Aún apuntan la cuenta con tiza en la barra. Cuenta unos 3 a 4 € la tapa. Los horarios de los bares pequeños cambian, así que compruébalos el mismo día.
Mis consejos para una buena ruta
Los malagueños comen tarde, sobre las 13:30, y cenan aún más tarde, a partir de las 21:00. Ponte a su ritmo y evitarás las salas vacías. Aprende también tres palabras: una tapa (ración pequeña), una media ración (para compartir) y una ración (un plato entero). Lleva algo de efectivo para las barras pequeñas. Y no lo llenes todo en el primer bar: el placer está en encadenar varios.
A dos pasos de Casa Beatas
Todo eso se hace a pie desde el hotel. Para una escapada en grupo, picando de bar en bar, echa un vistazo a nuestra habitación clásica con dos camas en el casco antiguo. ¿Algo concreto, una alergia, un presupuesto ajustado? Pregúntame en recepción o por WhatsApp, te trazo la ruta.






